miércoles, agosto 12

vuelvo

Esa boca que chupaba un chupachups me distraía. Era una boca rosa sobre una base de perlas. Simulaba ser más dulce que el propio chupachups. Parecía blanda y masticable. Me apetecía besarla... y quizás morderla.
Cuando alcé la vista, dejando más abajo el movimiento circular de esa lengua rojiza, pude apreciar unos ojos pardos. Eran salvajes, pero de un salvaje sutil que dejaba entrever bien poco lo que escondían. Eran los ojos marrones más felinos jamás vistos antes por un hombre. Y jamás vistos antes por mí. Esos ojos no se olvidarían. Aún más arriba, las pestañas que adornaban la brutal cacería que llevaba a cabo esa mirada, se batían como las alas de un halcón.

Menuda mezcla aterradora la de esos ojos rapaces y esa dulce boca hipnótica y provocadora (hasta llegar a la diabetes).