miércoles, abril 23

aire.

Dice que no escribe porque ya no siente nada. Que está harta, triste y sola. Que la vida cada día pierde más el sentido y va sin rumbo. Que no hay forma de ser feliz en este cuerpo, encerrada en una celda sin barrotes ni grilletes pero igual de celda: la mente. La mente y el cuerpo que ya no saben dialogar, se encuentran en continua lucha, se desató la guerra y eso duele. Duele todo.
El tiempo ha decidido filmar el mundo a cámara rápida y ella se refleja en la ventana igual de aislada que siempre. Solitaria, como cuando siendo una cría se inventaba compañía para escabullirse de la realidad.
Siente lástima por ella misma, y al mismo verso: sobrevive. Pero cuando acaba la función le invade una tristeza desmesurada, asfixiante, terrible. Todo se torna drama.
Sigue con la mirada los pasos de esa frase que le baila en la cabeza, la que dice que "tanta conciencia de soledad resulta suicida" y asiente, y así siente; cada vez que termina la canción, suspira, frunce el ceño y comprende aquellas palabras una por una.
Las noches juegan a torturarla y cada mañana siente el ahogo de un día más.

"Oh, Soledad, dime si algún día..."

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