viernes, marzo 14

delirios

He vuelto a pensar en la muerte sin estremecerme.
He vuelto a verme reflejada en tus demonios. No son espejos, soy yo. Soy yo en pequeñas dosis. Soy yo en vicio, en vacío, en ácido.
Hacía tanto que no escribía que esto apenas tiene sentido. Acabará arrugado dentro de un bolsillo, roto pero bonito. 
Así te he escrito siempre, rompiéndome de la manera más bella que sé: en un papel en blanco, con mala letra y el desorden que me caracteriza. (y que tanto te gustaba)
He vuelto a desmontarme y a perder las instrucciones para volver a dejarme como antes. Y es que el "antes" siempre ha sido más inocente, más puro y más sencillo que el "después".
Todas las versiones de mi misma que han pasado por tus manos han ido a peor, cada cual más oscura, más fría y más cruel.
Te escondías detrás de "qué bonita estás cuando lloras, cuando piensas, cuando arañas". La coartada perfecta para un crimen que acabé cometiendo yo, contra mí misma. Ahora soy más mala. 
Como un experimento que sale mal, una mala cosecha, un niño maleducado.
La obra que guardas para deleitarte solo, la que tú creaste. Esa soy yo. Soy el arte que puede haber en fotos de guerra y en libros quemados. Un arte macabro, duro, real.
He vuelto a mirarme a la cara sin sentir nada. El brillo de unos ojos que solo llueven de noche y una boca mentirosa. El pelo rojo como el fuego. Tu fetiche con mis manos.
He vuelto a creerme inmortal y a quererme muerta.
He vuelto a escribir, al menos.