miércoles, septiembre 4

muñeca.

Ella era una zorra. De las que son listas y engatusan caballeros, de las que saben como tener a un hombre en la palma de la mano, no de las que van enseñando las intenciones y el encaje. Era una mala zorra, traumatizada de por vida, egoista, llena de problemas, llena de suposiciones. Y estaba convencida de que a sí misma no se elegiría. Que las zorras hacen infelices a los hombres de honor, que tratan mal, que exageran, viven en una película de acción, sexo, amor y drama.
Un día le dijeron "Podrías enamorar a cualquiera" y más tarde añadieron "Cualquiera que no sea un poeta. Son de tu calaña. Acabarías rota."
Se lo tomó como un juego, un reto, al fin y al cabo eso hacen las zorras: jugar.
Le encontró fumando bajo unos fuegos artificiales. Hacía calor.
"Escribo" Le dijo. "Eres bonita"
Hablaba con tranquilidad, como indiferente, como si el tiempo en él pasase más despacio.
Como una idiota cayó.
Como una idiota la rompió.
Y es que los poetas encuentran inspiración en el desastre, en el dolor.
"Ahora eres preciosa" susurró al final, mientras la veía llorando y suplicándole que se quedara una noche más.