miércoles, agosto 7

Agosto.

Fue que el viento de Agosto lo remueve todo y saca de quicio. Fue esta incitación de la naturaleza a la locura lo que dió lugar a su historia.
Se sentó en el escritorio, era la primera vez, a lo largo del verano, que se atrevía a volver allí. Se encendió un cigarro, el vaso medio vacío formaba sombras en la mesa, la lámpara alumbraba el vaso. Se quitó el sujetador y los calcetines. Así sentía los pies desnudos y descalzo el corazón. Así, se sentía preparada para manchar el papel con sus dolorosas palabras. 
Anochecía y a través de una ventana se colaba el viento haciendo danzar a un caza-sueños. Aquel caza-sueños que ya no velaba los sueños de nadie, solo un montón de oscuras pesadillas. Una brisa más parecida a un suspiro hizo caer la ceniza. Ella la vió volar y aterrizar en su papel aún en blanco. Sopló, se secó una lágrima con el dedo anular y se miró en el cristal. 
En él se reconoció: más triste, más delgada y más consumida por la vida. Entonces se cuestionó cómo era posible que el amor convirtiese vidas vacías en almas completas.
Una nueva lágrima rodó por su mejilla, pero la dejó recorrer su piel hasta fundirse con ella. No lloraba por la pena que le suponía su vida hueca, lloraba por la impotencia de no poder cambiarla.
"Hay personas que están diseñadas para estar solas." Escribió en el papel.
De pronto, el viento de Agosto que todo lo remueve entró por la ventana con mucha fuerza, la que a ella le faltaba, y se llevó esa carta que jamás tendría un destino.
Se la llevó. Y ella se quedo mirándolo actuar como si aquel viento la atravesara por dentro y la volviera líquida. Se quedó sintiéndolo como si el viento la estuviera acariciando.
El vendaval se calmó. La energía dejó de fluir. El cigarro se apagaba lentamente tirado en el suelo. El vaso se había volcado en la mesa empapando sus manos. Hacía frío.
Susurró: "Quiero ser aire" y desapareció.

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