jueves, febrero 14

Magia. vol I

Una vez oí que 'quererse no podía estar mal'. Las palabras las entonaba una joven, muy guapa, de bucles rubios y ojos verdes. Se las decía al hombre del que estaba enamorada , quizá diez años mayor que ella, o quizá veinte. Estaban los dos mirándose a los ojos, él apoyado en el billar, ella de pie, acariciándole el pelo.
Se podía respirar la magia, se podían respirar las ganas y coger la tensión con las manos. No había mucha luz, un par de velas y alumbraba la farola a través de una ventana. Tampoco había ruidos, la luna se paró encima de ellos para poder sentir brevemente ese aire cargado de pasión, poder respirarlo. Y es que eran tan intensas sus miradas, que se paró el mundo. Que dejó de girar; que la pieza clave del universo eran ellos ahora. 
Todos aguantamos la respiración mientras uno se alimentaba del suspiro del otro. Saltaron chispas, y las estrellas, celosas de semejante escena, decidieron brillar intensamente, dejando el cielo más hermoso que nunca.
Se entrelazaron sus manos y, la magia, la pasión, hicieron de las suyas para que todo aquello acabara en beso. Y así fue, los labios de ella, locos, inconscientes, inocentes; los de él, llenos de dudas pero apasionados y enamorados... Fue un gran beso, un beso que puso en marcha el mundo de nuevo, el universo volvió a parecer lejano, la luna continuó su camino y las estrellas, conscientes de que nada igualaría aquel momento, decidieron solo escuchar y admirar tanta belleza como allí había.
Volvieron a mirarse a los ojos, mareados, alterados, con ganas de más y con miedo de dejar, algún día, de parar el mundo con sus besos.
'Lo tengo prohibido' dijo él. 'Funcionará' le susurró ella.

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