domingo, septiembre 30

Una nueva cita con mi musa.

Tranquila, serena. Con una pizca de locura en los ojos. Ese brillo que los hace diferentes. Que te invita a mirarlos, a sentirlos. Ese destello que solo dura un segundo, y grita 'Mírame, soy más de lo que crees'. 

También te fijas en su cuerpo, en los lunares de su espalda, en sus uñas y en su ombligo. En las ganas que tiene de ser tratado con delicadeza. Esa piel de porcelana que si la fuerzas se rompe, se desgarra. A juego con su corazón. Guardado en fino cristal; frío, puro.

No tiene la mejor sonrisa. Pero la forma de sus labios cuando se queda en silencio, cuando se distrae con el viento, cuando sueña despierta... te vuelve loco. Loco por acariciarle la tripa y besar ese cuello de muñeca. Loco como nunca antes habías enloquecido. 

Alterado, emocionado. Cegado por las ganas de tenerla. Por beber de esa boca roja. Con los ojos entornados, color Cocacola, miras como ella se desenvuelve entre la gente. Como si no caminase sobre el mismo suelo que los demás, se apartan a su paso; pues muchos otros la han visto, han olido su aroma, han rozado lo dorado de su pelo. 
Quizás algún valiente afortunado, o algún canalla, hayan besado sus labios. Quizás incluso, hayan llegado más lejos.

Te revuelves el pelo para quitarte esa idea de la cabeza. 
Ella va a ser tuya. 

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