martes, septiembre 4

Ganas de sol en tu Febrero

Hoy he mirado a la luna, toda ella redonda y serena. Blanca, como mi piel con su luz. Suave luz que nos baña por las noches, que nos canta nanas, que nos hace estremecer. Me abraza desde la ventana, me habla, me tiene mimada. Las noches son largas cuando esta reina pálida no está. Me encierro bajo las sábanas de una cama tal vez demasiado vacía, o quizás llena, donde solo me refugio yo. Donde el tiempo pasa a ratos, se hace el interesante, me acaricia y se duerme. Y es que juega conmigo si la luna está llena. Y si no... solo me cuida, me mece, me da razones para dormir más y soñar menos.
Como una bofetada en la mejilla, el aire de un verano otoñal, me mantiene con los pies en el suelo. Fría y calculadora, a veces incluso cruel. No me hace feliz ver que otro año se me escapa, por eso no sonrío. No sería una sonrisa merecida.
Todo revolotea por mi mente como algo abstracto, difícil, calculado. Me da miedo que todo aquello que califico como "basura sentimental" tenga algún sentido. No estoy preparada para dejar de ser inocente y loca. Necesito que el reloj tenga remordimientos y vaya más lento; que me deje disfrutar un poco más de las piscinas, de las chuches, de los dibujos animados... Ya que todas esas cosas me las arrebató cuando tenía que haberlas vivido.
Claro que duele.
Y claro que yo estoy aquí, y soy quién soy gracias a las dificultades.
¿Que si me arrepiento de algo? Puede que de llorar por personas que no lo merecían, por ser tan sensible, por no entender las cosas de mayores, o tal vez de entenderlas más de la cuenta.
Soy fuerte. Soy luna en un mar de estrellas. Soy por ella.



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